Es cierto, es cierto...

I
Me parece que vi un lindo gatito
Desde niña he sentido una fascinación particular hacia los gatos que me hace admirarlos, creo en su justa dimensión, sé y comprobé que ellos te adoptan como “su aparente dueño” si es que tienen en un momento dado esa posibilidad o por lo menos me gusta pensar que es así y que fui elegida en particular por alguno de ellos. Los felinos que como muy queridas mascotas me acompañaron en la infancia estaban dotados de tal audacia y entendimiento que nunca terminaron de asombrarme y maravillarme. Creo firmemente saben que esperar de nosotros, admitiéndonos como somos sin las expectativas que suelen acompañarnos a los seres humanos en cuanto a la adición y/o admisión de nuevas relaciones en la vida. Realmente los he disfrutado, para mí son altamente adictivos, quien de niño saborea su interesante compañía, nunca deja de añorarlos. Cada uno ellos, aunque no fuera particularmente mío, solo la mascota de mi hogar en general, dejó su huella en mí y los recuerdo con mucho cariño aderezado con sonrisas. Encantadores animalitos aerodinámicos de figura esbelta y perfecta, tan agiles y rápidos que deslumbran y portadores de aquel desparpajo insolente y jactancioso con el que asumen sus triunfos y hasta sus fracasos; al fallar de repente en la demostración de los más insólitos malabares de que son capaces: atravesar pequeñas salidas con excesiva velocidad para llegar antes que tu o para atrapar a una cucaracha desprevenida. Otra razón para amarlos; me encanta deslizar mis manos por su fino y suave pelaje, con sumo cuidado y respeto pues todos tienen personalidades diferentes y te permiten les acaricies solo hasta el punto en que no se sientan amenazados, dependiendo de la confianza que les trasmitas y haciéndote entender que con ello te están prodigando un tremendo regalo intercambiable pues también disfrutan restregando su cabeza con tus piernas al nivel de su altura, echándose a tu lado cuando ves tv buscando calorcito y asustándote al tratar de cazarte saltando velozmente hacia ti desde cualquier rincón en la clandestinidad. En especial me encantan sus patitas acolchadas y el abrigo de pieles que a veces despliegan con orgullo debajo de su cuello. Si observas sus ojos y la forma como te miran con algo de interés te darías cuenta que se sienten tus iguales y que solo están contigo por las mismas razones que tu: buscan buena compañía; un amigo que no dependa tanto de ti, que no sea empalagoso, frágil ni absorbente, a quien sentir incondicional en las buenas y en las malas pero que te de libertad sin exigencias ni egoísmos esclavizantes o condicionantes… ¿son ideas mías o esa es la descripción de una perfecta y verdadera amistad? A cambio te ofrecen limpiar tu casa, ahora suya de todo lo que se arrastre, te aterrorice y tenga la osadía de irrespetar sus límites territoriales, llámense lagartijas, ratones, pájaros desprevenidos, murciélagos… etc., en fin mantienen limpio “tu hogar”… lo no tan bueno pero pasable; quieren que compartas sus logros como cazadores mostrándote con orgullo sus presas y que celebres junto a ellos su gran hazaña. No se ustedes pero yo, miro con cierta lástima y a veces desdén a aquellos de mis congéneres incapaces de sentir lo que hace saltar mi alma al observar un minino. Con ironía y un poco de burla recuerdo una frase muy maracaibera que asevera: fulano… “tiene miedo a los gatos… ¿será que es una rata?”. No importa el tamaño que tenga, sea al natural o en documentales de televisión; los amo y no puedo evitar dejar colgando en cada uno de ellos mi mirada, la sensación es honda y entrañable pues han sido compañeros constantes de mi ya largo pero querido viaje por los senderos de la vida y me encanta que haya sido y sea así.
II
Tenemos dos: Cucho y Gurru
Quería un lindo gatito desde hace tiempo atrás y lo estaba buscando con ansias… inconscientemente, al caminar hacia el centro de la ciudad, tanto de ida como de vuelta, sin querer, mis ojos oteaban las caminerias y los resquicios de las fachadas como al descuido esperando descubrir un minino chiquito y desamparado a quién raptar para luego querer y admirar, arrebatadamente y con pasión, por su belleza, elegancia, independencia e inteligencia. En una de esas me tope con uno de ellos, hermoso; muy blanco, con puntos grises pequeños y ojos límpidos color cielo, pero muy arisco y huidizo, logre atraparlo con la ayuda de otro transeúnte y colocarlo en una bolsa la que rompió escapándose no sin antes propinarme un doloroso mordisco. Sin dudas “el misu”, sabía, que no podía permitírmelo en ese momento pues tenía poco espacio en mi hogar. Al mudarnos luego para una casa grande y espaciosa pero por mucho tiempo descuidada, 13 años, casi en ruinas y donde moraban algunos bichos y roedores que las fumigaciones no lograban erradicar del todo… conseguí la excusa perfecta y le dije mi esposo Alejandro que en verdad era justo y necesario adoptar un minino para que nos ayudara a limpiar y mantener nuestro nuevo hogar libre de plagas. El negro (Alejandro), se encargó de regar la voz entre sus familiares, amigos y conocidos de que deseábamos tener rápido a un lindo gatito en casa, pero macho, imagino alucinando todavía con el recuerdo e Fito José Cabana, el gato de la tía Patricia de mis hijos con quien tenemos más de 9 años compartiendo, quien por su personalidad y arrogancia únicas, es considerado como un miembro más de la familia Montero Pachano. Resultado: a las 2 semanas se apareció el primo Enrique de Alejandro con un ejemplar e inmediatamente fue bienvenido y bautizado con el nombre de cucho. Cuando lo pochongueo le digo mi cucurucho. Mary Laura, mi sobrina, la encargada de traer a este mundo a mi sobrina nieta, Dios mediante pronto. Fue la primera en observar y acotar: ¡tía que gato tan feo!… todos los callejeros que merodean por donde vivo están más bonitos y cuidados que él. Ay Santo… de verdad, parecía una alfombrita muy delgada, vieja y maltratada, con múltiples colores donde predominaba el negro pero de repente y de forma desordenada destacaban los rojizos, ocres y un amarillo escandaloso que chillaba más que él. Además ya estaba grande… prácticamente adolescente, tenía a su favor la humildad… inmediatamente nos aceptó como su familia y se dejaba acariciar sin protestar, algo tenso y tembloroso por no estar acostumbrado a los mimos. De los cuatro meses que tenemos viviendo en la “Mansión Moreno”, la casa que construyó el padre de mi esposo para su familia, Cucho lleva dos y medio acompañándonos y ha cumplido a cabalidad su función, mantiene la casa libre de alimañas y con el cambio de alimentación ha empezado a unificar su color, engordar y crecer, realmente está hermoso y lo sabe. Es un gato original, nunca había visto su particular colorido en otro hasta que la Sra. Zenaida, quien trabaja en la misma empresa que el negro se nos apareció en la casa con un bebe gato que ella llamaba Tigrito, esperábamos por la descripción pegada al nombre que el bebe gato sería amarillo… pero no realmente nos sorprendimos al ver una réplica de cucho en miniatura pero no tan feo y súper tierno. Se llama Gurrufío, y es un amor tanto que Alejandro acepta que en el mediodía se acurruque en su barriga… realmente si Gurru tuviera bolsillos estaríamos todos metidos en él.



























